la lucha contra el daimôn

 

Llamaré demoníaca a esa inquietud innata y esencial a todo hombre que lo separa de sí mismo y lo arrastra hacia lo infinito, hacia lo elemental. Es como si la Naturaleza hubiese dejado una pequeña porción de aquel caos primitivo dentro de cada alma y esa parte quisiera apasionadamente volver al elemento de donde salió: a lo ultra humano, a lo abstracto. El demonio es, en nosotros, ese fermento atormentador y convulso que empuja al ser, por lo demás tranquilo, hacia todo lo peligroso, hacia el exceso, al éxtasis, a la renunciación y hasta a la anulación de si mismo.

(…) arte de embriaguez, de exaltación, de creación febril, un arte espasmódico que arrolla al espíritu, un arte explosivo, convulso, de orgía y de borrachera, el frenesí sagrado que los griegos llamaron pavta y que se da sólo en lo profético o en lo pítico.

(…) Son nómadas por naturaleza, eternos vagabundos, externos a todo, extraños, menospreciados, y su existencia es completamente anónima; no poseen nada en el mundo, no echan raíces en ninguna parte (…) están como en el vacío (…) nada aprenden en el mundo si no es a aumentar su sensibilidad y van hacia la perdición como santos, absortos.

(…) Tienen sólo el presentimiento de una existencia más alta y por encima de toda percepción o experiencia.

(…) Eternos rebeldes, sublevados, amotinados contra el orden de las cosas, prefieren romperse antes que ceder al orden establecido.

(…) Ponen el arte por encima de la vida y la poesía por encima de la realidad.

(…) Ellos, como Miguel Ángel, abren a martillazos a través de los duros bloques de piedra la galería de su vida que va hacia la gema resplandeciente adivinada en sus sueños.

(…) Esa tendencia hacia lo abstracto se sublima en el espacio definido por la inclinación a la música. En ella les es dado derramarse en su elemento, ese elemento sin orillas, sin forma. Con la música, la razón se transmuta en éxtasis y el idioma en ritmo.

(…) La vida de los posesos tiene forma parabólica, una subida brusca e impulsiva hacia una dirección fija que es siempre la superior, lo infinito, después aparece una curva rápida y la caída repentina. El punto más alto está junto a la caída, misteriosamente va unido a ella.

(…) Una entrega pasional del propio ser, incluso hasta el aniquilamiento, una defensa pasional de la propia conservación: ambas formas de lucha con el demonio exigen el más alto heroísmo y ambas recompensan al corazón con magnífica victoria. Es la misma meta del individualismo espiritual: pedir a la existencia lo inconmensurable.

(…) La palabra patológico sirve tan sólo en el mundo inferior, en el mundo de lo infecundo; pues si la enfermedad puede crear cosas inmortales, ya no es enfermedad, sino que será una fuerza, un exceso de salud, la más alta salud.

 

 

Der kampf mit der dämon: Hölderlin, Kleist, Nietzsche ( Stefan Zweig, 1925 )

 

 

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