para la longitud de las caricias

 

Para la longitud de las caricias,
de las lentas palabras que aún no pude
decir, para el descenso
moroso a las riberas, cuerpo,
de ti, adonde
florece el despertar, anémona,
hoja extendida en el reverso
de su misma luz,
cumplido cómplice de tu noche, cuerpo,
señor oscuro
de tu tan cegadora claridad.

 

( José Ángel Valente, El fulgor, 1984 )

 

 

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