tú no comprenderás para qué he vuelto

 

Tú no comprenderás
para qué he vuelto.
Tal vez, ahí tendida,
no comprendes
nada de lo que vive.
Yo he vuelto, sin embargo,
para hablarte otra vez.
(Está mojada
y limpia la colina.)
Aún te pienso
con el rostro de siempre
y los cabellos, en su reino
de humo, un poco grises.
No tengo ojos
para más. Tal vez
no eres así y eso es la muerte.

He vuelto para hablarte.
Estoy aquí. Tú no comprendes
nada. Te he olvidado
tanto y he podido
olvidarte tan poco.
Estoy alegre: a veces
no me acuerdo de ti
(¿también esto es la muerte?).
No sé si me comprendes,
ni siquiera
si estás aquí o resbalas
por un aire que nunca
pesó sobre mi boca.

(La colina está quieta
sin embargo, igual bajo su cielo
como entonces.)
Más óyeme si puedes.
Un día como hoy
cayó la nieve,
arrebatada fue. Yo cumplo,
inútilmente, el rito. Pongo
esta lápida aquí. Pero no importa;
no puedes comprenderme.
Todo ha sido cortado.

 

( José Ángel Valente, A modo de esperanza, 1953-54 )

 

 

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